La intervención en el delito (VII): inducción


El Código Penal considera a los inductores autores del ilícito penal; tal y como se explicó, se trata de la concepción amplia de autor. La pena prevista para los inductores es la especificada para el ilícito penal comedito (art. 61 CP), puesto que son autores.

El apartado a) del artículo 28 del Código Penal se refiere a los indictores como “los que inducen directamente a otro u otros a ejecutarlo” (art. 28(a) CP). Ergo, podría definirse como la conducta consistente en hacer nacer en otra persona la decisión de cometer un hecho antijurídico y que lo ejecute.

Ahora bien, el destinatario de la inducción – el inducido – debe ser una personas o personas concretas, esto es, debe ser directa, debe existir una relación interpersonal, y no es posible la inducción hacia un colectivo indeterminado. Tampoco es posible la inducción a través de un intermediario; ahora bien, sería posible una inducción mediata siempre y cuando el mensajero no eliminase la influencia directa sobre el inducido y operase únicamente como instrumento del inductor.

De la misma manera, la inducción debe dirigirse para la comisión de un hecho antijurídico determinado – aunque no es necesario que se especifiquen los detalles de la ejecución -. Es por ello que la inducción debe realizarse con anterioridad a la ejecución del delito.

Como ya se mencionó en la entrada sobre la autoría mediata, ésta no debe confundirse con la inducción, puesto que en este caso el inducido decide y domina la realización de la conducta antijurídica.

Referente al inducido, éste no debe haber decidido aún la comisión del delito. En caso contrario, si el inductor no aporta nada nuevo a la voluntad del autor, no puede considerarse inducción; pero si refuerza esta voluntad criminal, doctrinalmente se considera que existe complicidad (psíquica).

En cuanto al influjo psíquico necesario para inducir, éste debe 1) generar en el inducido la decisión de cometer el delito (que tenga la suficiente entidad como para generar la resolución criminal en el inducido); y 2) existir un principio de ejecución (en caso de que el indicudo desista, la exención de responsabilidad a la que se refiere el art. 16.2 CP sólo afectará al inducido por el carácter personal del desistimiento). No existen límites sobre el medio utilizado para influir psíquicamente en la otra persona; lo que es importante es poder imputar objetivamente el resultado al inductor (por tanto, no puede considerarse inductora aquella persona que únicamente genera una situación favorable para la comisión del delito, sino que lo fundamental es generar el nacimiento de la resolución criminal en el inducido).

Finalmente, se exige el doble dolo en la conducta del inductor: dolo para generar la resolución criminal en el inducido, y dolo en tanto en cuanto desea que el inducido consuma el hecho antijurídico. Si se genera la resolución pero no se deseaba la consumación del delito (por ejemplo, un agente de policía incita a cometer un delito con la voluntad de intervenir antes de la consumación), el agente provocador resultaría impune, y sólo respondería en caso de que el delito se hubiera consumado. Además, el dolo del inductor actúa como límite de su responsabilidad, puesto que sólo responderá de aquello a lo que se ha inducido, teniendo en cuenta que:

  • El inducido se desvía de la conducta inducida y decide cometer otro delito más grave, el inductor sólo responderá del delito inducido.

  • El inducido se desvía de la conducta inducida y comete un delito de menor gravedad (por ejemplo, se induce a robar y se comete un hurto). Teniendo en cuenta el principio de accesoriedad de las conductas de participación con respecto de las de autoría, el inductor no puede responder más allá de la conducta llevada a cabo por el inducido (en efecto, el inductor será condenado por un delito/falta de hurto, y no por un delito de robo).
  • El inducido se desvía de la conducta de manera involuntaria (por ejemplo, A paga a B para que mate a C). Se tendrá que analizar si el error se puede imputar objetivamente al inductor (A no identificó correctamente a C); en caso contrario (B dispara a C pero hiere a D), el inductor sólo responderá de un delito – de asesinato de C – en grado de tentativa, y no de las lesiones/muerte producida a D.

6 comentarios en “La intervención en el delito (VII): inducción

  1. Inducir al suicidio equivale a determinar a otra persona a que se suicide. Supone por consiguiente, que el suicida no hubiera tomado la fatal resolución de darse muerte si no hubiera mediado la conducta del inductor. La inducción ha de entenderse aquí en el sentido del artículo 28.a) del Código Penal, teniendo que ser directa y eficaz y requiere que el inducido lleve a cabo su propósito, pues la inducción no seguida del suicidio es impune, ya que la muerte del suicida es condición objetiva de penalidad según la mayor parte de la doctrina, lo que lleva aparejado que en esta figura la tentativa no se castigue. Por otra parte la inducción al suicidio es una figura privilegiada respecto al homicidio, ya que la pena señalada es menor, este privilegio para la inducción al suicidio respecto al homicidio no parece comprensible desde un punto de vista político criminal, porque la víctima quería vivir, lo que no sucede en el auxilio al suicidio.

  2. bueno la palabra conepción esfrita en el parrafo inicial la ¿desconozco no se que significa
    o a que s e refiere?

  3. No entiendo una cuestion. ¿Si el suicidio no es delito,como es que la induccion se considera conducta consistente en hacer nacer en otra persona la decisión de cometer un hecho antijurídico y que lo ejecute? ¿Si el suicidio no es antijuridico?

  4. Lógicamente, no sería punible el suicidio consumado, solo la tentativa, pero por motivos político-criminales y fundamentalmente sociales no es un hecho antijurídico. Por tanto, la inducción no podría ser penada.

    Sin embargo, tanto la inducción como la cooperación necesaria y otras conductas análogas están tipificadas expresamente en el art. 143 CP (https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1995-25444#a143). Luego, a pesar de que la conducta a la que se induce no es antijurídica, sí que lo es la inducción porque se ha configurado como un delito autónomo.

  5. Muchas legislaciones no consideran el suicidio como delito, sin embargo, en cuanto a la inducción al suicidio la conducta antijurídica no se debe buscar en el acto de suicidarse, más que ello, debe atenderse a la posición observada por el agente inductor en relación con el inducido, ya que, dadas determinadas circunstancias pudo influir en la psiquis del suicida al grado de lograr que éste ejecutara el acto (suicidarse). La vida es un derecho natural protegido irrevocablemente por las legislaciones, en atención, diría yo, a circunstancias elesiales (Dios da la vida y es el único que puede quitarla), pero materialmente, al protegerse la vida como derecho inalienable, se le protege en todos los campos, aún en contra de la decisión propia; y, si bien, no se puede sancionar al suicida, si a quién le haya llevado a tomar una decisión ejecutiva, pues ello equivale a que haya sido esta persona quién en realidad le quitó la vida al convencerlo que dicho acto era lo mejor, aprovechando las circunstancias y la indecisión del suicida. Es decir, el inductor, teóricamente cooperó con el suicida (inducido) al convencerlo de la necesidad!!! de su acto, como remedio a sus preocupaciones.

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