La intervención en el delito (VI): coautoría


La tercera forma de autoría es la coautoría, recogida en el art. 28 CP cuando fija que “son autores quienes realizan el hecho […] conjuntamente“. En efecto, se trata de la realización conjunta y de mutuo acuerdo del hecho típico: diversos sujetos determinan conjuntamente la realización de la acción típica con un plan previamente acordado.

Teniendo en cuenta que es elemento fundamental de la coautoría la división de las funciones entre los sujetos que intervienen fijado en un acuerdo mutuo, rige el principio de imputación recíproca, por el cual se imputa a cada sujeto interviniente la totalidad del hecho. Este principio supone que:

  • La conducta de autoría sigue tratándose como principal, y no accesoria: cada sujeto responderá del todo, sin importar que sólo realizara una parte del hecho. Esto es así por el acuerdo mutuo y previo a la realización del acto.
  • Cada sujeto responde por el acto que ha cometido propiamente, aunque parte de la realización es llevada a cabo por otros intervinientes. Por tanto, no es autor de su parte, sino del todo.

Por supuesto, la aportación de cada coautor ha de tener lugar en la fase de ejecución. Si la aportación es anterior o posterior y no en esta etapa del iter criminis, se hablaría de participación – por ejemplo, de cooperación necesaria o complicidad – y no de coautoría. Ergo, la tentativa existirá desde el momento en que se inicie la ejecución.

Respecto al acuerdo mutuo, puede ser expreso o tácito, y puede ser previo o coetáneo a la realización del hecho; en este último caso se habla de coautoría sucesiva. El establecimiento del acuerdo es importante porque determina la responsabilidad de los sujetos intervinientes: se responderá por el todo si ha habido acuerdo; en caso contrario o que el acuerdo posteriormente se amplie/modifique/cambie, cada sujeto responderá por los hechos cometidos. Por ejemplo: A, B, C y D acuerdan propinar una paliza a E y, mientras realizan el acto, C y D acuerdan matar a E. En este caso, A y B responderán por la paliza en su conjunto, pero no por la muerte de E; en cambio, C y D responderán de las dos cosas.

De la misma manera, el resto de coautores no responderán del exceso de uno de ellos. Por ejemplo, el acuerdo era sólo propinar una paliza a E, pero si D, por su cuenta, decide matarlo, AB y C no responderán por la muerte de E.

Como conclusión de lo anterior, si no hay acuerdo, cada autor responderá de sus actos, sin que se le atribuya el conjunto; esto es, las responsabilidades se tratan de manera independiente. En estos casos, se habla de autoría accesoria.

Finalmente, destacar que la coautoría exige dolo. En efecto, no es posible llegar a un acuerdo mutuo por imprudencia.

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