La intervención en el delito (II): consecuencias jurídicas


Como consecuencia de la diferente implicación y acción en la intervención en el delito, el Código Penal establece que a los cómplices se les impondrá la pena inferior en grado a la que se encuentre prevista para esa infracción penal, mientras que a los autores se les impondrán la pena abstracta (todo ello sin perjuicio de los atenuantes o agravantes que puedan operar en  cada caso). Es por ello que se ha hecho hincapié en la clasificación normativa, y no en la doctrinal basada en la naturaleza de la conducta, puesto que a los autores únicos, a los coautores y a los autores mediatos, y a los inductores y a los cooperadores necesarios (también considerados como autores) se les impondrán la pena que figure en el precepto cuyo hecho se haya cometido. En otras palabras, que la naturaleza de la conducta sea de participación y no de autoría no será relevante a la hora de imponer la pena; a sensu contrario, la misma pena se impondrá al autor material del hecho (quien lo ejecuta realmente) como al inductor del mismo.

Lo anteriormente analizado se encuentra recogido en los artículos 61 (para los autores) y 63 (para los cómplices) del Código Penal, tal que así:

Artículo 61

Cuando la Ley establece una pena, se entiende que la impone a los autores de la infracción consumada

Artículo 63

A los cómplices de un delito consumado o intentado se les impondrá la pena inferior en grado a la fijada por la Ley para los autores del mismo delito.

Así, normativamente se extiende la pena a las conductas de participación, puesto que sin previsión legal expresa esto no sería posible y a los partícipes no se les podrían imponer pena alguna (a no ser que se interpretara el concepto de autor en un sentido amplio no previsto legalmente y posiblemente contrario a los principios penales).

Por otra parte, es necesario remarcar y establecer la relación existente entre los intervinientes que componen la autoría en sentido estricto y el resto de autores y los cómplices, puesto que los primeros serán los que ejecutarán el delito, mientras que el resto intervendrán de una forma más indirecta, sin dominio del hecho punible; en otras palabras, se ha de establecer la relación entre las conductas de autoría y las de participación, aunque, como se ha visto, la pena puede ser la misma.

Efectivamente, rige el principio de accesoriedad de la participación, que establece que las conductas de participación (inductor, cooperador necesario y complicidad) son accesorias/dependen de las de autoría (autoría inmediata, coautoría o autoría mediata), por lo que la inexistencia de éstos provoca también la inexistencia de aquellos. Claro está, la pregunta es cuándo se entiende que no hay autor: ¿cuando, después del proceso penal, resulta ser inimputable? ¿cuando desiste voluntariamente de la ejecución del hecho punible? ¿o cuando el resultado lesivo no se produce por circunstancias ajenas a la voluntad del autor? … Existen dos requisitos para poder condenar a un partícipe, a saber:

  • Según el grado de desarrollo del hecho punible, la ejecución del mismo debe haber alcanzado el grado de tentativa.
  • Según los elementos del concepto de delito (que se analizarán en entradas posteriores), puede situarse el límite en uno u otro punto de la teoría del delito dependiendo de qué doctrina o concepción se adopte:
        • Accesoriedad mínima: sólo requiere la tipicidad de la conducta de autoría.
        • Accesoriedad limitada: requiere que el hecho sea típico y antijurídico. Es la doctrina mayoritaria.
        • Accesoriedad máxima: además de lo anterior, debe existir culpabilidad en la conducta principal.

En definitiva, para que un inductor, cooperador necesario o cómplice pueda ser condenado, se exige que exista un autor que haya cometido un hecho típico y antijurídico, al menos en grado de tentativa. Por ejemplo, y sin entrar en el análisis de la dogmática del delito, una persona que mata a otra en defensa propia no cumple el requisito de antijuridicidad, por lo que los otros posibles partícipes no podrán ser condenados; en cambio, en el supuesto de que un menor intente matar a otra persona, se condenarán a los partícipes, se haya consumado o no el delito, puesto que la conducta del menor no es culpable, pero sí típica y antijurídica. Como se ha dicho, la tipicidad, antijuridicidad y la culpabilidad serán objeto de análisis en otras entradas.

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